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Cuando abrí este blog llevaba 30 años ejerciendo el periodismo en Castilla y León, todo ese tiempo siguiendo la actualidad politica regional y, en particular, las andanzas de las instituciones autonómicas. Una excitante experiencia que, después de un paréntesis técnico, vuelvo a compartir con quienes se dejen caer por aquí.

lunes, 27 de marzo de 2017

El PP y su travesía entre el antes y el después

Formaba parte del guión que, una vez dirimida la contienda de las primarias, el PP de Castilla y León afrontara el congreso del 1 de abril escenificando un cierre de filas en torno al que va a ser proclamado su nuevo presidente. Aunque sea una unidad impostada, el rotundo pronunciamiento de la militancia ha facilitado esa pretendida piña en torno a Alfonso Fernández Mañueco.

Antonio Silván felicita a Alfonso Fernández Mañueco
 El primero en entenderlo ha sido Antonio Silván, renunciando a ese “acuerdo de caballeros”, según el cual el perdedor tendría reservada la secretaría autonómica del partido, convirtiéndose en el número dos del organigrama. Un pacto “contra natura”, impuesto en el último momento por Juan Vicente Herrera, que tras los resultados carecía de sentido y resultaba contraproducente para la necesaria cohesión interna del partido.
Silván ha entendido perfectamente que el nuevo presidente debe disponer de manos libres para constituir un equipo de su plena confianza que integre el nuevo Comité de Dirección, esa especie de permanente de un Comité Ejecutivo lo suficientemente amplio para que tirios y troyanos tengan cabida.

  En un partido tan marcadamente presidencialista como el PP, Fernández Mañueco se ha ganado en las urnas el derecho a conformar una nueva cúpula directiva que presumiblemente se va a parecer muy poco a la que agota ahora su mandato. Y que será la encargada de proyectar al PP hacia las elecciones autonómicas y municipales de 2019.

 Impuesto el cierre de filas, el congreso del próximo sábado va a ser el de las aclamaciones. Tras los continuos quebraderos de cabeza que les ha proporcionado en los últimos tiempos Castilla y León, Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal han decidido sumarse a la escenificación de ese final feliz.

Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy
 Tras 15 años en la presidencia del partido, Juan Vicente Herrera será elevado a los altares en loor de multitudes. Los 1.219 compromisarios y los invitados acompañarán su despedida del mando orgánico prorrumpiendo en  una estruendosa ovación. Y no menos apoteósica será la proclamación de Fernández Mañueco, que será aclamado primer presidente autonómico del partido legitimado con el voto de la militancia. Un triunfalismo en el que todos proclamarán a los cuatro vientos que el partido sale más unido y fortalecido que nunca.

Pero la bicefalia no es la de Mañueco y Silván, quién se retira a su cuartel de invierno en León, donde probablemente opte a la presidencia provincial del PP, una asignatura que tenía pendiente antes de sobrevenir el proceso de primarias autonómicas. La bicefalia es la del nuevo presidente del partido y la de Juan Vicente Herrera, quién, si no decide otra cosa, seguirá presidiendo la Junta hasta las elecciones del 2.019. Una cohabitación extremadamente delicada después de que el segundo hiciera luz de gas al primero en la batalla interna librada con la cúpula nacional del PP sobre una sucesión en el partido que lleva implícita -eso nadie lo duda- la candidatura a la presidencia de la Junta.

 El partido y la Junta ya no pueden ser compartimentos-estanco, como en buena parte ha sucedido hasta ahora, originando una sima que ha resultado clave en el resultado de las primarias. Su principal vaso comunicante es el grupo parlamentario de las Cortes, que hasta ahora ha venido actuando como un mero apéndice de la Junta, limitándose a acatar y ejecutar las órdenes dictadas directamente por el consejero de la Presidencia y ahora vicepresidente, José Antonio de Santiago-Juárez. Precisamente el primero en romper la neutralidad del gobierno Herrera en las primarias, al manifestarse a favor de Silván. 

Juan Vicente Herrera y José Antonio de Santiago-Juárez
 La primera gran novedad de la bicefalia es que, en aplicación de los Estatutos, a partir de la próxima semana el presidente del grupo parlamentario popular pasa a ser Fernández Mañueco. Un grupo que, conforme a la ponencia de Reglamento, “atendrá su actividad política a las instrucciones que emanen de los órganos de gobierno del partido”.

Es decir, que los procuradores del Partido Popular -que por cierto perciben una asignación fija mensual con cargo a la subvención del grupo- dejan de ser ese apéndice que han sido de la Junta para actuar siguiendo las pautas marcadas por la dirección del partido. Significa que el mencionado De Santiago-Juárez, que a la llegada de Silvia Clemente a la presidencia de las Cortes dejó de controlar la Mesa de la Cámara, a partir de ahora tampoco podrá seguir manejando el grupo parlamentario.

 Este trasvase de poder supone un nuevo statu quo en la relación entre el partido y la Junta, una nueva correlación que obliga a mantener una estrecha coordinación entre Mañueco y Herrera. So pena, claro está, de que el gobierno autonómico vaya por un lado y el grupo que lo sustenta por otro, lo cual supondría una fractura institucional de consecuencias imprevisibles.

De ahí que desde su propio entorno se llegue a poner en duda que Herrera llegue a agotar un mandato que le puede resultar muy incómodo después de 16 años ejerciendo el poder sin someterse a ningún tipo de condicionamiento de partido. En realidad, llegados a este punto nada tendría de particular que el actual presidente de la Junta se echara a un lado más pronto que tarde, acortando el periodo de esa bicefalia y permitiendo que Mañueco afronte las elecciones de 2019 desde la plataforma que proporciona el hecho de presidir el gobierno de la comunidad.

 Si no lo hace no será ni por falta de ganas ni por la dificultad política de afrontar una nueva investidura, algo que se solventaría sin mayor problema revisando al alza el acuerdo suscrito en su día con Ciudadanos. El problema es otro: la resistencia del herrerismo a perder unas poltronas y privilegios que pueden quedar a la intemperie si hay relevo en el Colegio de la Asunción.


lunes, 20 de marzo de 2017

Una bicefalia sembrada de minas

 Nadie se había atrevido a aventurar un resultado como el que ha deparado las primarias que por primera vez en su historia ha celebrado el PP de Castilla y León. Además de constituir un proceso inédito, el mismo ha estado sometido a un calendario exprés y a unos requisitos de participación -obligatoriedad de inscribirse previamente y de estar al día en el pago de las cuotas- cuya aplicación ha resultado problemática y, en el caso de la provincia de León, especialmente conflictiva.

 La existencia de dichos requisitos, establecidos en los Estatutos aprobados en el pasado congreso nacional, ha dejado al descubierto el monumental engorde artificial del número de afiliados al partido en Castilla y León. En realidad, de ese supuesto censo superior a los 50.000, poco más de un diez por ciento del mismo estaba al corriente de sus cuotas. Un porcentaje que apenas ha sobrepasado el 13 después de la atropellada carrera emprendida en las sedes para regularizar las cuotas y poder participar en la votación.

Fernández Mañueco en la sede del PP de Salamanca
 La militancia realmente activa se ha concretado en 6.819 inscritos con derecho al voto. Y su veredicto ha resultado inapelable: 4.087 han dado su voto a Alfonso Fernández Mañueco (67,6 por ciento) y 1.905 (31,9 %) a Antonio Silván. Tan abultada diferencia zanja cualquier suspicacia sobre posibles anomalías en la confección de los controvertidos censos.
 Además de barrer en su feudo salmantino (97,5 por ciento), el hasta ahora secretario autonómico se imponía con gran amplitud en Segovia (87,03), Zamora (84,92), Ávila (77,71), Burgos (74,56) y Soria (63,61 por ciento). Y por un ajustado margen, también en Valladolid, donde sumó 760 votos frente a los 701 del alcalde de León. Antonio Silván tan solo vencía claramente en León, con 482 votos (71,61), viendo como su rival le arañaba 189 votos en su propio feudo. Y Palencia era la segunda provincia que se inclinaba por el leonés, al concederle el 54,35 por ciento de los votos.

Analizamos aquí la pasada semana que el mano a mano entre Mañueco y Silván era producto del cisma existente entre dos corrientes del PP de Castilla y León que se han ido haciendo irreconciliables. El origen del conflicto no es otro que el distanciamiento entre la Junta y amplios sectores del partido, incluidas varias direcciones provinciales, que se han sentido ninguneadas, cuando no maltratadas, por el propio gobierno de la comunidad. Pese a que el presidente de la Junta y del PP era el mismo, Juan Vicente Herrera ha venido gobernando sin contar con el partido, donde nunca se han debatido y decidido las políticas de la comunidad.

 El propio Herrera reconocía ante la Junta Directiva regional celebrada el pasado 24 de marzo que había concentrado todo su tiempo en las tareas de gobierno, razón por la cual “no he dedicado al partido ni a sus direcciones provinciales la atención y el tiempo que merecen y necesitan”. La falta de articulación entre la estructura de partido y la gestión de la Junta viene de muy lejos. Ya se puso de manifiesto con ocasión del fallido proceso de fusión de las Cajas de Ahorro, que la Junta pactó por arriba con el PSOE sin contar con la aquiescencia de las direcciones provinciales concernidas, que no aceptaron el trágala y actuaron por su cuenta con el resultado por todos conocido.

Antonio Silván votando en la sede del PP de León
 Más reciente está, por poner otro ejemplo, la rebelión que protagonizaron varias Diputaciones provinciales ante la Ordenación del Territorio, lanzada en origen desde la Consejería de la Presidencia sin el imprescindible debate y consenso previo en el seno del partido. Las fuertes tensiones internas originadas por dicha Ordenación han sido muy reveladoras de ese creciente malestar entre el Colegio de la Asunción y la estructura territorial del PP.

Fuerte voto de castigo a la Junta.-  Ese creciente descontento en el seno del PP con el gobierno de Juan Vicente Herrera, en particular con el prepotente entorno más próximo al presidente, explica sin duda el contundente resultado de estas primarias. En gran medida se votaba entre partido y Junta. Entre un candidato, Fernández Mañueco, en sintonía con la dirección nacional y caído hace tiempo en desgracia ante Herrera, y otro candidato, Antonio Silván, que sin estar en estos momentos en la Junta, era el preferido del presidente para su sucederle tanto al frente del PP como en la candidatura a la presidencia de la Junta.

 Esta percepción de ambos candidatos ha determinado el resultado. Fernández Mañueco ha capitalizado ese malestar de las bases del PP con la Junta, que, a tenor de los resultados, era mucho mas acusado de lo que se presumía, al punto de extenderse a siete provincias, incluida Burgos, cuna de Herrera, y Valladolid, donde los pronósticos se inclinaban por una victoria del alcalde de León. Al resultado en Palencia no es ajeno el hecho de que tres de los nueve consejeros de la Junta sean palentinos y uno de ellos, Carlos Fernández Carriedo, además presidente provincial del partido.

 Silván se ha visto penalizado precisamente por ser percibido por el candidato oficioso de Juan Vicente Herrera, lo que ha supuesto para él un handicap insalvable ante una militancia mayoritariamente descontenta con la Junta. Y flaco favor le ha supuesto el apoyo público recibido por parte del vicepresidente De Santiago-Juárez, y de consejeras como Pilar del Olmo, o de la ex vicepresidenta Rosa Valdeón. Unos apoyos que por otra parte comprometían la pretendida neutralidad del presidente saliente y en nada favorecen el nuevo escenario de la obligada cohabitación. El verdadero perdedor de las primarias no es Silván, a priori un buen candidato lastrado por haber sido adoptado como delfín de Herrera, sino el presidente de la Junta, que no era consciente del fuerte rechazo que su gobierno suscita dentro de su propio partido.

Del Olmo, De Santiago-Juárez y Herrera en las Cortes
 Visto el resultado, carece de sentido esa supuesta componenda según la cual el perdedor pasaría a ocupar el cargo de secretario autonómico, algo a lo que al parecer el propio Silván ha renunciado. Eso sí, de aquí al uno de abril, fecha del congreso, todos abogarán por una única candidatura de integración en la que figurarán vencedores y vencidos, lógicamente estos últimos en minoría 

Entre llamamientos a la unidad y a un cierre de filas a modo de conjuro de los malos augurios de la bicefalia, Mañueco será proclamado nuevo presidente del partido -y con ello candidato “de facto” a la presidencia de la Junta- y Herrera será aclamado como presidente de honor, espacio que compartirá con un Juan José Lucas que también se ha sentido maltratado por el beneficiario de su “dedazo” en el año 2001.

 El 2 de abril comenzará la delicada cohabitación entre el nuevo presidente del partido -que automáticamente pasa a serlo también del grupo parlamentario de las Cortes- y un presidente de la Junta con fecha de caducidad. El primero necesita hacer valer el papel y la participación del PP en las políticas de la comunidad, y el segundo tendrá que asumir que no puede seguir actuando desde la Junta bajo el principio absolutista “El partido soy yo”, parafraseando la frase de Luis XIV sobre el Estado francés.
 Ahora el partido tiene otro líder y no es precisamente el que él hubiera deseado. A priori, el campo a transitar por el PP hasta las elecciones de 2019 aparece sembrado de minas y con resentidos sin nada que perder dispuestos a detonarlas. La cohabitación dependerá de la voluntad y capacidad de ambos presidentes para desactivarlas.


lunes, 13 de marzo de 2017

Mañueco vs. Silván, la constatación de un cisma provocado por terceros

Tras la tira de años esperando que Juan Vicente Herrera despejara el camino de su sucesión, nadie podía imaginar que el nudo lo tuvieran que desatar un número indeterminado de afiliados al PP -los que se inscriban en el censo de votantes abierto hasta este miércoles- forzados apresuradamente a decantarse entre dos candidatos, Alfonso Fernández Mañueco y Antonio Silván, con perfiles y trayectorias muy similares y en los que no se percibe la menor diferencia ideológica.

Alfonso Fernández Mañueco
 Bien es verdad es que si los afiliados tienen la palabra es gracias al fracaso del “dedazo” pretendido por Herrera, quien se ha reservado hasta el último suspiro el derecho a presentarse por quinta vez a la reelección si no conseguía imponer un candidato único de su gusto, ya se llamase Pablo Casado o Antonio Silván. 

Pero la negativa de Fernández Mañueco, el secretario autonómico y preferido en Génova, a retirarse de la carrera ha impedido ese “dedazo”, colocando a Herrera ante el dilema de tener que volver a presentarse -todo un papelón que le cargaba con la responsabilidad de dejar seguir pudriendo la envenenada situación interna- o dejar que Mañueco y Silván se jueguen en cuatro días el liderazgo del PP en Castilla y León. Este ha sido el gran dominio de los tiempos que sus apologistas atribuían al todavía presidente autonómico del partido.

Y todavía, Herrera ha impuesto como condición in extremis para retirarse un “pacto de caballeros” conforme al cual su sucesor en el partido se compromete a reservar al candidato derrotado el puesto de secretario autonómico. Un pacto que los contendientes no han reconocido públicamente y que, según algunas informaciones, incluiría asimismo la clausula de aceptar como definitivo el resultado de la votación de los afiliados. De tal guisa que se presentaría al congreso del 1 de abril una candidatura única de “integración”, dejando en papel mojado la potestad de los compromisarios de tener la última palabra sobre el nuevo presidente del partido.

 Instalados en esa vieja cultura del “dedazo”, algunos consideran esta confrontación como un hecho traumático que va a dividir en dos al PP de Castilla y León. Imposible, ya que la división viene de lejos y no ha hecho otra cosa que emponzoñarse en los dos últimos años.  Únicamente sucede que se va a dirimir -y, sin ser perfecta, no es la peor de las fórmulas- mediante el voto secreto en urna de los militantes que se inscriban para participar en esa votación.

Antonio Silván
El actual cisma trae causa de la falta de vida propia del partido, reducido desde hace años a ser la mera correa de transmisión de la Junta, donde ha residido el centro de poder único ejercido por un presidente a su vez abducido por la mano que mece la cuna-diván en el Colegio de la Asunción.

 El ninguneo del presidente autonómico y la hostilidad desde su entorno hacia Fernández Mañueco y determinados presidentes provinciales ha ido encanallando la situación interna en el PP de Castilla y León. Nadie estaba contra Herrera, pero sí contra su inhibición ante agresiones como las inducidas y financiadas con la chequera mediática de la Junta contra el número dos del partido y esos presidentes provinciales que no se han plegado a los caprichos y dictados del actual vicepresidente del gobierno de la comunidad.

El enfrentamiento, que hasta 2011 no traspasaba la sierra del Guadarrama, cobró otra dimensión cuando la Junta decidió jugar al postureo de asumir el papel de “poli bueno” frente a las nefastas políticas del Gobierno Rajoy, políticas que a la hora de verdad nunca ha impugnado. Ahí quedó su visto bueno a la Ley Montoro y ahí sigue, desaparecido de escena el denostado José Manuel Soria, la pasividad con la que se asiste a la liquidación de la minería del carbón.

 Después vino la pataleta de Herrera al perder la mayoría absoluta en las autonómicas de 2015, echando de ello la culpa al susodicho Soria -del que la Junta llegó a pedir la dimisión- y el temerario consejo a Mariano Rajoy de que se mirara al espejo. Y Rajoy lo hizo, pero no para plantearse su retirada, sino para renovar la cúpula del partido nombrando de una tacada a cuatro nuevos vicesecretarios, con el zamorano Fernando Martínez Maillo, responsable de Organización, a la cabeza. De resultas de lo cual uno de esos presidentes provinciales vituperados desde el entorno presidencial pasaba a ser de facto el número tres en la calle Génova.

Rosa Valdeón y José Antonio de Santiago-Juárez
 A partir de ahí el cisma dentro del PP de Castilla y León es irreversible. Herrera, que había amenazado con no presentarse a la investidura, intenta nombrar sucesor por “dedazo” y, ante la negativa de Rajoy, opta por quedarse. Su respuesta es nombrar a Rosa Valdeón vicepresidenta de un nuevo gobierno inspirado de arriba abajo por José Antonio De Santiago-Juárez (con la única excepción de Suárez Quiñones, que se incorpora como cuota leonesa y dispone de perfil propio). Y para acabar de crear una atmósfera definitivamente irrespirable, sobreviene  el “caso Valdeón” y Herrera culmina su huida hacia delante nombrando vicepresidente al máxímo promotor de las discordias que han devenido en el actual cisma.

 Este enconamiento explica que haya sido imposible pactar un candidato único. Por muchos rasgos en común que tengan, Mañueco y Silván son las cabezas visibles de dos sectores del PP de Castilla absolutamente incompatibles y, hoy por hoy, irreconciliables, abocados así esta semana a librar con la mejor de sus sonrisas una batalla a cara de perro por la presidencia del partido. Y habrá vencedores y vencidos, por mucho que luego se pacte esa lista de integración en el congreso del 1 de abril. El presidente será el “sucesor in pectore” y pasará automáticamente a presidir el grupo parlamentario de las Cortes, en tanto que el perdedor, si asume el puesto de secretario autonómico, se verá relegado en la práctica a ser una figura decorativa.

Rajoy, Herrera y Martínez Maillo
 Ha habido presidentes provinciales que se han decantado a favor de uno de los candidatos y otros que se han puesto de perfil, pero ninguno de estos últimos es neutral.Y mucho menos, por mas que lo proclame, Juan Vicente Herrera, cuya neutralidad en este trance es exactamente la misma que la de Martínez Maillo.
 El presidente de la Junta se juega mucho en el envite: Compartir una plácida bicefalia  que le permita seguir haciendo y deshaciendo como si continuara presidiendo el partido o, por el contrario, tener que someterse al control y a las directrices del PP, algo que le puede resultar muy espinoso y que agudizaría la cojera del pato.

Varios miles de afiliados deciden el próximo viernes. Nadie sabe cuantos porque de los 48.000 tan solo el 20 por ciento estaban al corriente de sus cuotas, y tienen de plazo hasta el miércoles para ponerse al día si quieren inscribirse y votar. En eso, en inscribir a toda prisa al máximo número de afines, se afanan los partidarios de los dos candidatos en liza. Hasta el viernes las espadas estarán en todo lo alto. A partir del 1 de abril se verá sobre qué cabezas cae la de Damocles.


jueves, 9 de marzo de 2017

El expolio de las Cajas (XXXIII): Es lo que pasa con los cadáveres mal enterrados...

 Se sabía perfectamente que, salvo contadas excepciones, las extintas Cajas de ahorro han sido unos cadáveres mal enterrados a los que se dio sepultura sin realizar su imprescindible autopsia. Dada la corresponsabilidad de los principales partidos, políticamente se echó tierra sobre el expolio y ha habido que esperar a que el PP pierda la mayoría absoluta, para que el Congreso de los Diputados haya aprobado la puesta en marcha de una comisión parlamentaria de investigación.

lunes, 6 de marzo de 2017

El limbo presupuestario y otras añagazas del PP

 Entretenidos con la trapisonda interna de los partidos y distraídos por esa envolvente espuma de la actualidad que impide ver el bosque, nos hemos plantado en el mes de marzo sin tener ni Presupuestos Generales del Estado ni Presupuestos de Castilla y León. Ignoro si esta coincidencia tiene precedentes. Pero lo que llama la atención es la complacencia de ambos gobiernos, el de Mariano Rajoy y el de Juan Vicente Herrera, con esta situación.

 Siempre se ha dicho que los Presupuestos constituyen la principal herramienta de un gobierno. Es el instrumento que establece como va a emplear la Administración sus recursos financieros, con qué criterios y prioridades, esto es, la concreción contante y sonante de sus objetivos económicos y sociales. Se supone que su prórroga constituye un gran handicap, ya que impide adaptar la herramienta a una realidad social y económica cambiante, programar las necesarias inversiones e implementar las nuevas políticas que requiere la situación.

lunes, 27 de febrero de 2017

Herrera se aferra a la presidencia del PP... y Maillo le enseña la puerta de salida

 Comenzada la cuenta atrás hacia el Congreso del PP de Castilla y León a celebrar el 1 de abril en Valladolid, sigue el aire la incógnita sobre la presidencia autonómica del partido, en la que Juan Vicente Herrera lleva apalancado 15 años (uno menos de los que lleva en la Junta).

lunes, 20 de febrero de 2017

A algunos no les llega la camisa al cuello

 A diferencia del PSOE, cuya gestora ha aprobado un calendario que va a tener al partido enzarzado en batallas intestinas hasta el otoño, el PP ha agilizado los plazos para despachar cuanto antes sus congresos autonómicos y provinciales. El 1 de abril es la fecha límite para celebrar los autonómicos y ello ha obligado al PP de Castilla y León a reunir el próximo viernes a su Junta Directiva regional para convocar formalmente el cónclave del partido en la comunidad.

 A cuatro días de esa convocatoria, Mariano Rajoy no ha deshojado la margarita sobre la continuidad o no de Juan Vicente Herrera en la presidencia autonómica del PP. Porque nadie dude de que es Rajoy el que tiene en sus manos esa decisión. Herrera, que lleva 15 años presidiendo el partido y 16 la Junta, pretende mantenerse en ambos cargos hasta 2019. Y si le dejan, tutelar su sucesión -la ministra Isabel García Tejerina sería entonces la favorita- y controlar las listas electorales tanto a esas elecciones autonómicas como a las municipales a celebrar en el mismo día..

Rajoy, Cospedal y Maillo
 Pero eso, claro está, necesita el placet de Rajoy, que, aparte de su propia opinión, conoce la de su número dos, Dolores de Cospedal, y la de su número tres, Fernando Martínez Maillo, partidarios ambos del relevo en la presidencia del partido y, a ser posible, simultáneamente o casi, en la presidencia de la Junta. Su candidato, a nadie se le oculta, es el secretario autonómico del PP y alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco. La cultura del partido descarta una posible confrontación abierta y directa entre ambos, a la vez que desaconseja, salvo caso de fuerza mayor, la bicefalia. El nuevo presidente del partido será el que resulte ungido por Rajoy. Y punto.

Si es Herrera, ya sabemos lo que hay hasta 2019. Más de lo mismo, si acaso con el añadido de que intentará prescindir del actual secretario autonómico y sustituirle probablemente por Antonio Silván, reforzando así a éste como su opción B. Si el ungido fuera Mañueco, lo suyo es que, más pronto que tarde y previa salida proporcionada por Rajoy, el presidente de la Junta se eche a un lado y entregue las llaves del Colegio de la Asunción. 
Esto es lo que se va a ventilar en esa conversación pendiente de celebrar, se supone que antes del viernes, entre Rajoy y Herrera. Con todo lo que hay en juego, es normal que al sindicato de intereses políticos y mediáticos beneficiado por el dedo del actual presidente no le llegue la camisa al cuello. Estando en peligro sus privilegios, se comprende la sarta de interesadas estupideces que unos inspiran y otros escriben y publican.

 Me refería al principio a lo incomprensible del calendario congresual del PSOE. Solo al más necio se le ha podido ocurrir retrasar hasta mayo las primarias para elegir nuevo secretario general y hasta junio el congreso federal, proporcionando un arma letal a Mariano Rajoy: la posibilidad de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones generales con los socialistas descabezados y en plena guerra fratícida.

Puente, Sánchez y Tudanca, el sábado en Valladolid
 Quien pensara que el mero paso del tiempo iba a ir suturando las heridas abiertas en el descarnado Comité Federal el 1 de octubre, ha errado por completo. El partido sigue desangrándose desde entonces y no dejará de hacerlo mientras la militancia no dirima la contienda en las primarias. 
Creyendo que el tiempo corría a favor de Susana Díaz, a cuyos intereses se ha subordinado en todo momento, la gestora ha hecho un flaco favor al partido al aplazar hasta mayo la celebración de dichas primarias. A la vista ha quedado el pasado sábado en Valladolid que "el muerto que vos matasteis goza de buena salud": Pedro Sánchez no ha cejado en su propósito y cuenta con suficientes apoyos -sobre todo entre la militancia- para intentar la “operación Reconquista”. Al contrario que Patxi López, no se ha lanzado a una piscina sin agua.

Rajoy, encantado de la vida. No solo ha conseguido que, depuesto Sánchez, el PSOE facilitara su investidura, sino que luego la gestora ha puesto en sus manos ese arma letal de poder convocar elecciones con los socialistas completamente inermes. Ha demorado hasta el mes de abril la presentación de los nuevos Presupuestos Generales del Estado para colocar al PSOE en el disparadero: O tragaís con otra buena ración de recortes sociales o nos volvemos a ver las caras en las urnas.