lunes, 29 de febrero de 2016

Entre tahúres y aprendices de brujo

 “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. La célebre frase de Groucho Marx se ha recordado hasta la saciedad estos días con ocasión del pacto suscrito entre el PSOE y Ciudadanos, insuficiente soporte con el que Pedro Sánchez se somete esta semana a una investidura condenada de antemano al fracaso.


Pedro Sánchez y Albert Rivera
 He aquí la primera paradoja del juego de tahúres en el que se ha convertido la política española desde el pasado 20 de diciembre. Mientras Mariano Rajoy, candidato de la fuerza mas votada, se sustrajo, con tal de eludir el mal trago de una derrota, de su deber de someterse a la investidura, Sánchez aceptó entusiasmado el envite, pero no para intentar cuadrar la única combinación aritmética que haría posible el objetivo, sino para fraguar una alianza con la que de hecho se ha cerrado las puertas de La Moncloa.

 Va de suyo que en cualquier negociación nadie enseñe las cartas al comenzar la partida, pero de eso a dedicarse a jugar al más absoluto de los despistes, media una diferencia. Y Sánchez ha despistado a todos, incluidos los cuadros y militantes de su propio partido, que le creyeron dispuesto a intentar el pacto con Podemos. En esa dirección había ido el guiño de su viaje a Portugal y, sobre todo, el conejo que se sacó de la chistera (se dijo que idea de Luis Tudanca) de consultar cualquier pacto a la militancia, lo que se interpretó como una jugada maestra para desactivar el veto del gran pope (Felipe González) y del grupo de influyentes barones territoriales que, con Susana Díaz a la cabeza, no estaban ni están dispuestos a tolerar que el PSOE comparta gobierno con Podemos.

¿Quién iba a pensar entonces que esa hábil jugada iba a servir un mes después para consultar a la militancia socialista sobre un inoperante pacto con Ciudadanos, el partido considerado por Sánchez como “las Nuevas Generaciones del PP”, la misma derecha solo que con un líder atildado y sin el pesado lastre de la corrupción? Bien es verdad que ya se ha cuidado mucho Ferraz, rememorando el referéndum sobre la OTAN, de formular una pregunta engañosa que le ha permitido salvar el trámite de aquella manera.

Mariano Rajoy y Felipe VI
¿Y que decir de la manipulación sobre el propio texto firmado, en el que ambos partidos, PSOE y Ciudadanos, identifican como propio el 80 por ciento de su contenido?  Una falacia sostenida a partir de la interesada interpretación que permite la deliberada ambigüedad de muchas de sus propuestas. Sesgada interpretación, cuando no manifiesta falsedad, como la de mantener que el pacto deroga la reforma laboral. Ni la reforma laboral, ni la LOMCE, ni la “Ley mordaza”. Tampoco la “Ley Montoro”, que era otra de las derogaciones a las que se había comprometido el PSOE.

En realidad, da igual. El acuerdo, firmado con impostada solemnidad, será papel mojado dentro de una semana. El propio Albert Rivera ha advertido de que, si fracasa la investidura de Sánchez, Ciudadanos dará por concluido su compromiso con el PSOE. De hecho, ni siquiera ha esperado a ello para empezar a pedir perdón al PP y solicitar cita con Mariano Rajoy para volver a la casilla de salida. Ya veremos con que principios.

 Por su parte, a Sánchez se le habrá acabado el protagonismo disfrutado durante el último mes y dejará de ser el centro de la atención mediática. En su mochila cargará para los restos con la definición del PSOE como un partido de “centro-izquierda” y con las nuevas ampollas internas que ha producido en el seno de su partido su sobrevenido apoyo a la supresión de las Diputaciones, 18 de las cuales tienen actualmente presidente socialista.

Concentración del PP en Morales del Vino (Zamora)
Fuego de artificio con las Diputaciones.- Resulta obvio que, al igual que el Senado, en el actual Estado de las Autonomías las Diputaciones tienen dos alternativas: O reformarse o desaparecer. 
En 2011 Alfredo Pérez Rubalcaba llevó en el programa socialista su desaparición, se supone que redistribuyendo los servicios que prestan entre la Administración Autonómica, los Ayuntamientos, las Mancomunidades y los entes comarcales (allí donde existan). 
Lo de reformarlas pasaría en primer lugar por su democratización, mediante una elección directa de sus miembros que erradique las prácticas caciquiles y clientelares que las caracterizan. Y, en paralelo, por una redefinición de sus competencias que elimine duplicidades y adapte sus funciones exclusivamente a las necesidades que no pueden cubrir por sí mismos los municipios. Hasta que de repente Sánchez, que no llevaba nada concreto en su programa, abraza sin más la supresión propugnada por Ciudadanos.

 Era de prever que al PP, especialmente el de Castilla y León, le faltaría tiempo para rasgarse las vestiduras y lanzar una campaña -especialmente dirigida contra el partido de Albert Rivera- identificando Diputaciones y defensa del mundo rural. Y ahí ha estado el fin de semana el ex presidente de la de Zamora y vicesecretario nacional de Organización del PP, Fernando Martínez Maillo, a la cabeza de la concentración celebrada en Morales del Vino, municipio gobernado por Ciudadanos. Toda una sobreactuación, habida cuenta de que las Diputaciones en ningún caso se podrán suprimir mientras el PP disponga de la llave para poder tocar una sola coma de la sacrosanta Constitución.

Pablo Iglesias
¿Y toda esta inmensa humareda levantada por el pacto entre PSOE y Ciudadanos responde a una mera alianza táctica concertada con el único propósito de intentar sacar ventaja en unas nuevas elecciones, de cuya convocatoria se pretende responsabilizar a la vez a Podemos y al PP por no haber puesto su voto al servicio de la investidura de Sánchez? Pues apaga y vámonos.

  Rajoy es un zombi político y en su partido empiezan a ser muchos los que esperan que dé un paso atrás que permita al PP jugar con otro candidato la baza de presidir un gobierno de “gran coalición”, ello, claro está, después de unas nuevas  elecciones en las que la correlación no cambiaría sustancialmente. Y Pablo Iglesias, quien con su irreprimida arrogancia ha proporcionado a Sánchez la coartada que necesitaba, podrá suavizar el tono y flexibilizar todo lo que quiera sus exigencias, pero sospecho que le va a dar lo mismo: Si algo ha quedado claro en todo este juego de tahúres es que la única línea roja que el PSOE no va a traspasar, ni ahora ni después del 26 de junio, es la de compartir Consejo de Ministros con Podemos.

“Estoy hasta los cojones de todos nosotros”, exclamó no hace mucho Cayo Lara ante la jaula de grillos (símil aplicado en su día por Santiago Carrillo a la UCD) en la que se había convertido IU. La expresión no era original. Es literalmente la misma que profirió el primero de los cuatro efímeros presidentes que se sucedieron al frente de la I República, Estanislao Figueras, antes de subirse a un tren con destino a a París, abandonando España y el cargo sin molestarse ni en presentar la dimisión. Ahora, por el camino que vamos, no va a ser ningún político, sino muchos los españoles que empiecen a estar hasta más allá de sus respectivos genitales de tanto tahúr y aprendiz de brujo como nos rodea.