lunes, 13 de marzo de 2017

Mañueco vs. Silván, la constatación de un cisma provocado por terceros

Tras la tira de años esperando que Juan Vicente Herrera despejara el camino de su sucesión, nadie podía imaginar que el nudo lo tuvieran que desatar un número indeterminado de afiliados al PP -los que se inscriban en el censo de votantes abierto hasta este miércoles- forzados apresuradamente a decantarse entre dos candidatos, Alfonso Fernández Mañueco y Antonio Silván, con perfiles y trayectorias muy similares y en los que no se percibe la menor diferencia ideológica.


Alfonso Fernández Mañueco
 Bien es verdad es que si los afiliados tienen la palabra es gracias al fracaso del “dedazo” pretendido por Herrera, quien se ha reservado hasta el último suspiro el derecho a presentarse por quinta vez a la reelección si no conseguía imponer un candidato único de su gusto, ya se llamase Pablo Casado o Antonio Silván. 

Pero la negativa de Fernández Mañueco, el secretario autonómico y preferido en Génova, a retirarse de la carrera ha impedido ese “dedazo”, colocando a Herrera ante el dilema de tener que volver a presentarse -todo un papelón que le cargaba con la responsabilidad de dejar seguir pudriendo la envenenada situación interna- o dejar que Mañueco y Silván se jueguen en cuatro días el liderazgo del PP en Castilla y León. Este ha sido el gran dominio de los tiempos que sus apologistas atribuían al todavía presidente autonómico del partido.

Y todavía, Herrera ha impuesto como condición in extremis para retirarse un “pacto de caballeros” conforme al cual su sucesor en el partido se compromete a reservar al candidato derrotado el puesto de secretario autonómico. Un pacto que los contendientes no han reconocido públicamente y que, según algunas informaciones, incluiría asimismo la clausula de aceptar como definitivo el resultado de la votación de los afiliados. De tal guisa que se presentaría al congreso del 1 de abril una candidatura única de “integración”, dejando en papel mojado la potestad de los compromisarios de tener la última palabra sobre el nuevo presidente del partido.

 Instalados en esa vieja cultura del “dedazo”, algunos consideran esta confrontación como un hecho traumático que va a dividir en dos al PP de Castilla y León. Imposible, ya que la división viene de lejos y no ha hecho otra cosa que emponzoñarse en los dos últimos años.  Únicamente sucede que se va a dirimir -y, sin ser perfecta, no es la peor de las fórmulas- mediante el voto secreto en urna de los militantes que se inscriban para participar en esa votación.

Antonio Silván
El actual cisma trae causa de la falta de vida propia del partido, reducido desde hace años a ser la mera correa de transmisión de la Junta, donde ha residido el centro de poder único ejercido por un presidente a su vez abducido por la mano que mece la cuna-diván en el Colegio de la Asunción.

 El ninguneo del presidente autonómico y la hostilidad desde su entorno hacia Fernández Mañueco y determinados presidentes provinciales ha ido encanallando la situación interna en el PP de Castilla y León. Nadie estaba contra Herrera, pero sí contra su inhibición ante agresiones como las inducidas y financiadas con la chequera mediática de la Junta contra el número dos del partido y esos presidentes provinciales que no se han plegado a los caprichos y dictados del actual vicepresidente del gobierno de la comunidad.

El enfrentamiento, que hasta 2011 no traspasaba la sierra del Guadarrama, cobró otra dimensión cuando la Junta decidió jugar al postureo de asumir el papel de “poli bueno” frente a las nefastas políticas del Gobierno Rajoy, políticas que a la hora de verdad nunca ha impugnado. Ahí quedó su visto bueno a la Ley Montoro y ahí sigue, desaparecido de escena el denostado José Manuel Soria, la pasividad con la que se asiste a la liquidación de la minería del carbón.

 Después vino la pataleta de Herrera al perder la mayoría absoluta en las autonómicas de 2015, echando de ello la culpa al susodicho Soria -del que la Junta llegó a pedir la dimisión- y el temerario consejo a Mariano Rajoy de que se mirara al espejo. Y Rajoy lo hizo, pero no para plantearse su retirada, sino para renovar la cúpula del partido nombrando de una tacada a cuatro nuevos vicesecretarios, con el zamorano Fernando Martínez Maillo, responsable de Organización, a la cabeza. De resultas de lo cual uno de esos presidentes provinciales vituperados desde el entorno presidencial pasaba a ser de facto el número tres en la calle Génova.

Rosa Valdeón y José Antonio de Santiago-Juárez
 A partir de ahí el cisma dentro del PP de Castilla y León es irreversible. Herrera, que había amenazado con no presentarse a la investidura, intenta nombrar sucesor por “dedazo” y, ante la negativa de Rajoy, opta por quedarse. Su respuesta es nombrar a Rosa Valdeón vicepresidenta de un nuevo gobierno inspirado de arriba abajo por José Antonio De Santiago-Juárez (con la única excepción de Suárez Quiñones, que se incorpora como cuota leonesa y dispone de perfil propio). Y para acabar de crear una atmósfera definitivamente irrespirable, sobreviene  el “caso Valdeón” y Herrera culmina su huida hacia delante nombrando vicepresidente al máxímo promotor de las discordias que han devenido en el actual cisma.

 Este enconamiento explica que haya sido imposible pactar un candidato único. Por muchos rasgos en común que tengan, Mañueco y Silván son las cabezas visibles de dos sectores del PP de Castilla absolutamente incompatibles y, hoy por hoy, irreconciliables, abocados así esta semana a librar con la mejor de sus sonrisas una batalla a cara de perro por la presidencia del partido. Y habrá vencedores y vencidos, por mucho que luego se pacte esa lista de integración en el congreso del 1 de abril. El presidente será el “sucesor in pectore” y pasará automáticamente a presidir el grupo parlamentario de las Cortes, en tanto que el perdedor, si asume el puesto de secretario autonómico, se verá relegado en la práctica a ser una figura decorativa.

Rajoy, Herrera y Martínez Maillo
 Ha habido presidentes provinciales que se han decantado a favor de uno de los candidatos y otros que se han puesto de perfil, pero ninguno de estos últimos es neutral.Y mucho menos, por mas que lo proclame, Juan Vicente Herrera, cuya neutralidad en este trance es exactamente la misma que la de Martínez Maillo.
 El presidente de la Junta se juega mucho en el envite: Compartir una plácida bicefalia  que le permita seguir haciendo y deshaciendo como si continuara presidiendo el partido o, por el contrario, tener que someterse al control y a las directrices del PP, algo que le puede resultar muy espinoso y que agudizaría la cojera del pato.

Varios miles de afiliados deciden el próximo viernes. Nadie sabe cuantos porque de los 48.000 tan solo el 20 por ciento estaban al corriente de sus cuotas, y tienen de plazo hasta el miércoles para ponerse al día si quieren inscribirse y votar. En eso, en inscribir a toda prisa al máximo número de afines, se afanan los partidarios de los dos candidatos en liza. Hasta el viernes las espadas estarán en todo lo alto. A partir del 1 de abril se verá sobre qué cabezas cae la de Damocles.